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Dominic era un joven canadiense de Calgary (Canadá) de 18 años que, el pasado día 6 de Julio de 2012, se quitó la vida después de 4 años de lucha contra un dolor constante, misterioso y severo en todo su cuerpo. Dominic, antes de padecer este dolor, era un talentoso jugador de fútbol y un estudiante de honor. El dolor, en el peor de los casos, era tan severo que Dominic no podía caminar y muy difícilmente conseguía hablar. Sus padres lo ayudaban a comer (comida líquida). En el mejor de los casos, su dolor disminuía resultado de una terapia agresiva y una gran cantidad de fármacos que iban desde anticonvulsivos a antidepresivos. Ésta es la historia de un joven adolescente a la deriva en un sistema médico en el que los profesionales de la salud habían perdido la esperanza de aliviar su dolor. Esta historia ilustra el día a día de un joven con dolor crónico, pero también el impacto que su dolor ha tenido en su familia y amigos.

Dominic era un joven deportista bastante activo que a los 12 años empezó a tener dolor en la rodilla derecha y que rápidamente se fue extendiendo hacia la otra rodilla. Comenzó a tener sesiones de terapia convencional, como la fisioterapia y el masaje, pero el dolor siguió y se expandió a otras partes del cuerpo, i.e. rodilla izquierda, caderas, zona lumbar, hombros y cuello. El primer diagnóstico que recibió era de artritis de los ligamentos y tendones; después fibromialgia, un problema de dolor para el cual muchos médicos no encuentran explicación. Desesperado, Dominic fue probando varias formas de terapia, como la acupuntura, el biofeedback, marihuana y suplementos nutritivos con efectos terapéuticos poco duraderos. Más tarde, Dominic empezó a quejarse de dolor en la mandíbula y por eso su familia tuvo que adaptarle la forma de preparación de la comida (líquidos, batidos). Dominic sentía un dolor que quemaba, como si su cuerpo estuviera ardiendo constantemente. Varias pruebas médicas descartaron posibles causas como un tumor cerebral, un accidente cerebro-vascular, lupus. Uno de los pediatras de Dominic, Dr. Jorge Pinzon (Alberta Children`s Hospital) sugirió que el dolor de Dominic era una condición compleja de dolor pero también un trastorno de conversión. No obstante, una psiquiatra especializada en fibromialgia, concluyó que no había nada en la historia de Dominic que coincidiera con un estresor psicológico. Gradualmente, con fisioterapia y otros ejercicios dirigidos por un equipo especializado en dolor pediátrico, su dolor experimentó una ligera mejoría. Su calidad de vida aumentó, mejoró su movilidad y otros síntomas, pero seguía teniendo algunas dificultades con el dolor crónico. Dado que su dolor no desaparecía empezó un tratamiento farmacológico con clonazepan (relajante muscular). En las semanas antes de su muerte, cuando el dolor había empezado a empeorar, Dominic se preguntaba en voz alta si el dolor estaría con él para siempre ya que él era consciente del impacto que su dolor y sufrimiento tenían en su familia. El 25 de Mayo, Dominic dirigió un comité de un programa de salud mental comunitaria en una escuela. Le habían pedido que hablara de cómo alguien afronta mentalmente un dolor que no termina nunca. Dominic describió los meses cuando su cuerpo era una prisión virtual del dolor, su mandíbula estaba cerrada y apenas podía moverse. Dominic habló de cómo la única cosa que lo mantenía con vida era su mente: “Me mantuvo sobreviviente, respirando y pensando en positivo. De esta manera me di cuenta de lo poderosa que es la mente”. Doce días después, Dominic se quitó la vida.

El dolor crónico en niños y adolescentes no es desconocido. Entre el 5 y el 8% de los niños y adolescentes padecen un dolor recurrente tan severo que afecta a su desempeño escolar, al sueño, a sus relaciones personales (i.e. amigos, familia, etc) o a su funcionamiento normal. A menudo, el origen del dolor es desconocido. La investigación en este ámbito demuestra que la transición de niño a adulto exige un cuidado y atención especial ya que puede ser un momento extraordinariamente vulnerable para el desarrollo de problemas de dolor crónico, tal como comenta la Dra. Jennifer Stinson que trabaja en un programa de dolor crónico infantil en el Hospital para niños enfermos (Toronto`s Hospital for Sick Children, Canadá). La Dra. Stinson refiere que los jóvenes que sufren de dolor se encuentran al límite; muchos intentan superar los efectos secundarios de algunos fármacos que pueden dar lugar a cambios de humor y personalidad; a muchos no se les hace caso y sus síntomas son subestimados. El intento de suicidio por parte de jóvenes con dolor crónico es una realidad. Expertos en dolor crónico pediátrico refieren que debería haber una mayor conciencia política y pública sobre el tema. Lo que se necesita, dicen, es una mayor capacitación para los proveedores de atención de salud en el diagnóstico y el tratamiento del dolor de los niños; un aumento de la financiación para reducir las listas de espera, incluidos los servicios de salud mental; más investigación sobre medicación y tratamientos para controlar mejor el dolor; una mejor planificación de la transición de los jóvenes hacia centros de adultos, y programas basados en nuevas tecnologías para ayudar a los jóvenes a afrontar mejor su dolor y tener a otras personas de apoyo.

Podéis encontrar la noticia original aquí

Si queréis más información adicional acerca del dolor y el suicidio en España (artículos y noticias) podéis consultar los siguientes enlaces:

Catarina Tomé Pires, miembro del grupo Algos para la Investigación en Dolor Infantil

Universitat Rovira i Virgili, Tarragona

Créditos de la foto: Ahmad Ali


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